31.7.03

Sobre los tejados

Recorto tu recuerdo en un millón de pequeñas fotografías. Las coloco todas sobre mi cama. Sobre mi cama fría que ha visto como te sentabas en ella y te marchabas luego, lejos de ella y lejos de mí. Coloco las imágenes en un orden distinto, alterando la secuencia de los hechos. Así, al final, sonríes después de besarme y me conoces antes de soñar entre mis brazos, me miras mientras me haces el amor y cuando te duermes es sobre mi donde descansan tus suspiros.

29.7.03

Deseo de una noche de verano

Ojalá solo te hubiera soñado, aquella noche. Ojalá no conociera de antemano todas las respuestas. Ojalá pudiera conocerte de nuevo, sin todas esas cargas. Ojalá fuera mañana la primera vez en que nos viéramos. Porque el mismo día en que me abriste tu corazón se cerraron para mí todas las puertas de promesa hacia los buenos días. Ojalá pudiera dormir contigo y arrancarte de las garras de todos los malos sueños.

Camas recien frias

Hacia demasiado tiempo que no encontraba esa suavidad en la piel. Su bronceado oscuro transfería al tacto la sensación de la seda cálida. Mis manos resbalaron por su cuerpo como cerciorándome de que todo era tal y como parecía y no sólo una noche más de sueños calidos.

25.7.03

Recuerdo a veces a Nausica, aquella princesa enamorada de Ulises. La recuerdo sentada, tocándose el pelo. Como adoraba sus gestos, como los aprendía, durante horas. Asocio su imagen, irremediablemente, a horas de universidad, a bar, a césped y a manifestaciones (que nadie me pregunte el porqué). Ya ahora, que tengo los impresos para volver a la universidad delante de mí, los impresos delante y los proyectos en la cabeza, no puedo evitar pensar si encontraré a otra Nausica, enamorada de Ulises, por los pasillos sobrios del edificio antiguo. Si otra princesa griega entretendrá mis horas mientras todas esas teorías y esos pensamientos pensados por otros pasan por mi alrededor, rozándome a penas, despertándome un poco de los sueños que casi no me dejan respirar, de bonitos.

21.7.03

Tanzi es una de esas personas con estrella en la frente (11.12.02)(tengo suerte de conocer a varias de ellas…)
Tanzi no lo sabe pero me enseña muchas cosas. Me enseñó a abrir la puerta del baño y hace muy poquitos días, asfixiandonos de calor bajo el sol del parque, me enseñó que lo más fácil para responderme todas esas preguntas que me hago continuamente, es cambiar el PORQUÉ por un sencillo PARA QUÉ.
Adoro a Tanzi.
No sabia que acostarme contigo iba a tener estas consecuencias. Ahora ha desaparecido mi inspiración y en mi cabeza sólo está tu imagen. De todos modos.

14.7.03

Nada deseo más que ver cómo se cumplen tus deseos y poder estar cerca de ti para recibir esas sonrisas con las que alegras mis mañanas.
Zorionak!
Rafa me regala un cuento y yo, no puedo menos que corresponderle. Espero que te guste, amor.

Necesito saber si aún alguien puede verme.
Compro un espejo, pero no veo mi imagen en él.
Está defectuoso, no puede ser que ahora sea invisible.
Camino por las calles intentando robar una mirada.
Nadie me ve.
Estoy sola.
Rompo mi espejo en mil pedazos contra el suelo.
No es culpa suya.
Soy yo. Me he vuelto etérea e impalpable.
Desde que tú te has ido.
Paso horas mirando el teléfono.
No puedo oír. No podría oírlo, aunque sonara.
Pero veo tu cara allí donde miro.
En cada sombra, en cada rincón.
El teléfono grita que no vas a llamarme, pero yo no lo escucho.
Y dormir es peor.
Porque sueño tus besos, tus caricias, tus manos.
Y queda, sobre mi cuerpo, el frío de esas huellas que no van a volver a llenar esas noches.
El recuerdo de cada caricia es como el cauce gélido de un río que se ha secado.
Intento no llorar esas lágrimas secas, pero no puedo evitarlo.
Y lloro hacia adentro, hasta que no cabe más dolor.
Y cuando rebosa, se derrama, se excede, se sale de sus limites, cae… arrastrando a su paso todas mis esperanzas, entonces, por fin, después de ya saber que no tengo reflejo, entonces, duermo.
Duermo, el sueño inquieto de quien sabe que nada le espera mañana.


8.7.03

Dejó sonar el teléfono mientras el agua aun corría por su cuerpo. Salir de la ducha no podía ser postergado por más tiempo. Aunque implicase dejar atrás la sensación de bienestar y calidez que la envolvía. Salir de la ducha, secarse, era como volver al mundo de los adultos. Al mundo real. Volver a las prisas de la mañana, que durarían ya todo el día, a los agobios, al teléfono y al fin de la paz. Dejó sonar el teléfono por tercera o cuarta vez, insistente. Cerró los ojos bajo el chorro suave de agua helada. Levantó su cabeza, echando su pelo hacia atrás, respiró hondo y salió de la ducha. Caminando descalza hasta su habitación donde, una vez más, dudó entre vestirse o volver a meterse en la cama.