31.5.14

Calma y tormenta

Se ha dibujado una línea en la pared. Es brillante, recta, llama la atención, dan ganas de acercarse y pasar un dedo... Parece una línea de sol y podría serlo, si no fuese porque todo huele a tierra mojada ahí fuera, y es gris y resbaladizo,como después de una tormenta y antes de la calma.
También la otra noche apareció una línea mágica sobre mi piel. Fina y roja, firme. Parecía un arañazo recién salido de tus uñas. Pero es imposible, sigues lejos.
He soñado un par de noches contigo y otro par de noches sin ti; sigo sin saber cuales prefiero.

2.5.14

Viejas fotos

Van pasando las horas y sabes que no puedes ocuparlas en recrear su olor, porque llega la noche y ese olor ya no te abandona. Y llega el frío, y la oscuridad, y, si te descuidas, llegará el amanecer, como otras veces ya ha pasado.
Las historias inventadas parecen tan reales como las que ocurrieron y todas se guardan en el mismo sitio, lejos de ti. 
Y los otros olores y las otras promesas parecen no importar, aunque tuvieron otras veces papeles protagonistas. Y realmente da igual, cuándo o dónde ocurrieron, porque no estabas tú y no eran nuestra historia. 
Sumaremos horas perdidas a la cuenta. O las apuntaremos sin sumarlas,para no descubrir que ya llevamos vidas perdidas, de tanto sumar.
Tendremos que imprimir algunas de nuestras fotos, quizá para recordar, o por el simple placer antiguo de poder romperlas a trocitos. 

28.4.14

Primavera lo cura.

La primavera me vuelve loca. Todo esta lleno de señales, que llevan a cualquier parte sin salida y vuelven a marcar los mismos caminos de ida y vuelta, las mismas aceras grises de flores que nunca tuvieron colores alegres. 
Debería volver a escribir. Me queman las yemas de los dedos, a veces, no sé si son de ganas de escribir, o  deseo de que alguien las muerda.
Y me duele el corazón, golpeando insistentemente; intentando, yo, creer que dice tu nombre y él diciéndome que, una vez más, me equivoco. 
Y me canso de esperar que recuerdes que existo. Y empiezo a preguntarme si existo realmente. Como ese árbol que no hace ruido al caer porque no hay nadie a kilómetros a la redonda que pueda escucharlo. 
Es que, a mi, me vuelve loca la primavera. 

24.2.14

A veces fugaz...

Había vuelto el frío y el calor y otra vez el frío. Habían caído las hojas de los árboles y vuelto a brotar,como sin esfuerzo. Las nubes corrían por el cielo ahora hacia el este, luego hacia el oeste, caprichosas. Se diría que la vida se dejaba pasar, como abandonada a su suerte, sin importarle mucho relojes, calendarios o citas que no llegaban jamás a concretarse.
Ella se había perdido en unos ojos, tiempo atrás, y no lograba mantenerse totalmente a flote, más que lo justo para ir cogiendo aire y soltándolo en forma de suspiros, a penas perceptibles. Él, por su parte, corría de un lado a otro, como el conejo de Alicia, con su colección de relojes a cuestas, sin darse cuenta de cuanto empezaban a pesarle las promesas rotas. 
Quizá nunca volvieran a cruzarse sus miradas. Sus labios se rozaban a penas en los cortos segundos que separan el sueño y la vigilia. 
Él pensaba que tenía dulces sueños y ella soñaba sólo con esos instantes, cada noche...

Volver y que el tiempo nos haya enseñado poco o nada...

En todo este tiempo que no he venido he cruzado 4 veces el océano Atlántico. Dos veces dirección América, dos veces dirección Europa. He vivido aventuras con cocodrilos, delfines, tiburones y estrellas de mar. Me he reído con mis amigos de siempre y con amigos nuevos. Me he enamorado seriamente de un par de tipos nuevos. Me he enamorado, aún más seriamente,  de un par de amores viejos. He ido a países hacia el norte, que no todo es este y oeste. Y me he movido bastante también por el sur. Tengo una maleta nueva, era necesario.
Han pasado muchas y variadas cosas y he tenido ganas de escribir muchas veces.
No he aprendido a hacerlo mejor.
Sigue sin darse me bien escribir finales...

Otro él

Ella intentó escribir una historia sobre aquel tipo.
Pero cuando llevaba unas pocas frases se dio cuenta de que no recordaba la primera vez lo que vio, no conocía su olor, no había nada mágico en lo que los unía, no iba a ver su coche por cada rincón de la ciudad, no iba a conocer el lugar donde trabajaba, no había colocado su mano sobre su brazo, distraídamente, no la había invitado a whisky y a chocolate, no iba a pedirle permiso para su primer beso, no iba a llevarla a casa, ni a prestarle su gorra ( como si se pudiera, a esas alturas, estar más despeinada)...
Aquel tipo no era él y, menos mal, porque otro él habría acabado de destrozarle el corazón.

6.4.13

Ventanas abiertas para que entre la primavera

Es posible que estés detrás de una de esas ventanas iluminadas, tapadas a penas con cortinas suaves.  Es posible que hayas llegado tarde a casa, sin ganas casi de cenar cualquier cosa. Es posible, incluso, que te hayas puesto una copa de vino y estés pensando en nada, mientras no haces nada.

Mientras tanto yo, detrás de otra ventana, intento adivinar si has llegado cansado y si has llegado solo. Intento adivinar si vuelves a salir, o apagaras la luz justo cuando te duermas.

Y me invento que un día, detrás de esa ventana, quizá mires en mi dirección y hasta quizá me veas. Quizá me       recuerdes de aquella noche, de aquel verano, de aquella acera perdida en la ciudad. Quizá recuerdes que pusiste tu mano sobre mi brazo, levemente.  Quizá recuerdes que fuiste mi regalo después del desengaño.  Pero lo dudo, todo es parte de la historia que me invento de ti.

Quizá un día existas detrás de la ventana.

1.4.13

Pronto la primavera...

Pasaron muchas cosas. Fueron años sin hablar de ello. Parecía demasiado sórdido, algunos días y demasiado vacuo, los otros.
Luego el presente se llenó de recuerdos y el pasado invadió el día a día. Tampoco valía la pena hablar de ello.
Quedaban pocas posibilidades de romper el círculo. Pocos modos de salir de la monotonía autoimpuesta.

Una noche soñé que existías.

A partir de ahí, las pesadillas fueron lo único real.

Hoy puedo mirar aquellos días como quien mira un cuadro que no entiende o quién asiste a una conversación en un idioma que no acierta a descifrar. Luego puedo caminar unos pasos y creer que recuerdo una historia que alguien me contó y que no tenía un final feliz.

5.2.13

Luces, aviones y la sombra de Peter

Un día os contaré sobre las luces que se ven desde mi ventana. Es la ventana que usé desde los 7 u 8 años hasta los veintilargos en que me fui de casa... Ahora, cosas de la vida, vuelve a ser mi ventana. A la que me asomaba esperando que empezara a llover las noches de verano, cuando olían muy fuerte los jazmines y la dama de noche; la que dejaba abierta, esperando secretamente cada noche que la sombra perdida de algún niño, de los que nunca crecen, entrara huyendo o buscando aventuras.
Antes, antiguamente, que diría si os estuviera contando un historia, eran pocas las luces que se veían desde la ventana. En frente estan las montañas. Son montañas pequeñas, de pinos y matorrales. Poco  a poco es como si también hubieran sembrado casitas. Al principio habian 2 ó 3... ahora hay más de 30 ó 40... muchas nunca han llegado a tener luces propias, nunca ha vivido nadie...
Hoy se está quemando una parte de las montañas, no se ven las llamas, desde aqui, pero si una de las laderas llena de luces azules que parpadean como las lucecitas de navidad. Policias y bomberos, apagando el fuego... y aún no es verano... Cada verano se quema algún trocito de las montañas, trozos pequeños que apagan rápido y que nos permiten ver a los aviones descargando montones de agua, como si regaran los pinos, a lo grande.
Si desde la ventana sacamos un poquito la cabeza y miramos a la derecha... se pueden ver los aviones que esperan para ir a aterrizar al aeropuerto. Se colocan en fila y esperan... por la noche parecen una girnalda de brillitos, como bombillas unidas por un solo cable, tan ordenados, tan pacientes...
Siempre creo que estas en uno de esos aviones, esperando a tomar  tierra para volver a casa. Quizá para vernos, esta vez. De modo premeditado o casual, como ya ocurrió una noche, aquel verano oscuro...

Es casi como cuando esperaba la sombra de Peter.

29.1.13

agostoseptiembreoctubre...

Algunas veces me pregunto cuantas  veces puedes repetir una escena en tu cabeza antes de que esta empiece a transformarse. Tras cuantas repeticiones es cuando empezamos a encontrarnos más cerca de la ficción que de la realidad. En qué momento inventamos aquel gesto, o introducimos aquella frase que habría sido perfecta, pero que nunca llegó a suceder.  Y cuando se empiezan a diluir los detalles reales. Los olores. El tacto. La imagen perfecta del sonido de una risa.
Pronto inventaré también ésta respuesta...


14.1.13

Hibernar

Hacía un frío del que congela los pies y no permite jamás que vuelvan a calentarse, hasta el día siguiente; como si la llegada de un nuevo amanecer fuese la única salvación posible, para unos pies fríos o para una nueva vida...
El invierno había aparecido por sorpresa, no porque llegara pronto, sino porque parecía no llegar nunca y había sido fácil acostumbrarse a un sol de regalo cuando no tocaba.
Y, de pronto, el hielo cubría los cristales por fuera y el vaho de la respiración los cubría por dentro. Cristales doblemente opacos.
Los sueños también se habían vuelto un poco así, de un tiempo a esta parte... densos e intocables, sin brillo, lejanos.
Quizá solo era el frío, que los disfrazaba de una capa de hielo o quizá era el paso del tiempo, que los había cubierto de una espesa película de indiferencia.
Tal vez  mañana.


13.10.12

Secretos

Durante algunos años había ido escribiendo pequeñas historias en pequeños papeles. Luego iba guardando los papeles en una caja de flores amarillas. Había muchos. Alguna vez los había releído, desordenadamente. La caja había sobrevivido a dos mudanzas. Ahora ocupaba un lugar privilegiado, a los pies de su cama.
Pero hacia mucho tiempo que no habían papelitos nuevos. Y el olor de los viejos se había ido alejando y volviendo extraño.
Un día que se sintió feliz, cogió la caja y la llevó a la calle. Desde el puente por el que ahora solo pasaba un cauce seco, tiró a trocitos todos los papeles.
Unos niños que no sabían lo que era jugar en la calle, encontraron algunos de los papeles y jugaron a hacer barquitos con ellos.
Barcos de papel para un cauce seco.
Ella lo llamó "tirar el lastre".

Después de tanto tiempo...

Agradable como volver al lugar dónde ibas de vacaciones, de pequeña... Como comerse las primeras mandarinas de la temporada. Dulce como cuando te llama un amigo, al que hace tiempo que no ves. Como encontrar una fotografía que te transporta a aquel día que creias olvidado. Como reencontrar a un viejo amor y ver que el amor nunca termina de olvidarse.