20.1.04

El niño Hanoc

“Me ha dado por recordar...
he recordado cosas bonitas,
noches de verano pegado al ordenador,
tardes de parque.
madrugadas de domingo,
algún que otro "evento cultural"
muchísima charla de almohada...”


Nos encontramos por una de esas casualidades que casi no lo son. Hacia calor. Tú eras un poeta. Yo estaba aburrida. Empezamos a hablar como quien mata el tiempo, sin a penas quererlo. Fueron muchas las frases y muchas más las palabras. Líneas y líneas de conversación guardada y retomada, siguiendo horarios extraños e incluso inverosímiles. Una sorprendente adicción. Una necesidad casi física de ver que me esperabas, de ver que me perseguías, de ir recogiendo los besos que me dejabas por aquí y por allá, llenando un saco imaginario que algún día habría de convertirse en un saco pesado y verdadero. Y todo era un poco mágico y un poco inquietante.
Luego llegaron las tardes de parque y poco después las madrugadas de domingo, a continuación algún que otro “evento cultural” y si, mucha muchísima charla de almohada...
No necesitas que te diga como te convertiste en uno de mis niños perdidos, pero yo si necesité alguna vez que me recordaras que tú eras un niño. Tampoco necesitas ahora que te recuerde que Wendy nunca abandona a sus pequeños, aunque a veces parezca que anda lejos, perdida...
No voy a volver a pedirte que me digas algo que ya sé, pero sí quiero que tú también lo sepas...

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