29.2.04

Pies frios...

Si miras para arriba se dejan ver miles de motitas que caen para tocarte. Miles de plumas que flotan cayendo o caen flotando. Hace frío, del que hiela las manos. Está nevando.

22.2.04

Texto viejo para las gentes nuevas

Había gente que tenía una estrella en la frente. Esa gente no era mejor ni peor, sólo que tenían una estrella en la frente. Curiosamente, se repetían en estas personas unas características comunes que las hacían reconocerse sin haberse conocido.
Eran personas que tendían hacia los sueños de igual manera que los ríos van hacia el mar y el otoño hacia el invierno... de forma natural. Eran gentes cuyos ojos veían las imágenes de sus propias fantasías mejor incluso que cualquier otra cosa. Eran personas que brillaban entre las multitudes y que podían pasar desapercibidas de igual manera.
Yo conocí a algunas de ellas. (Si te estás imaginando a gente con una estrella en la frente debes saber que esa estrella era totalmente invisible, solo en noches muy oscuras, preferiblemente frías y serenas, cerca del agua o en el campo, lejos de la cuidad siempre rápida e iluminada, sólo en muy contadas ocasiones, esa estrella puede verse).
Yo conocí a algunas de aquellas personas, aunque claro, no supe lo de la estrella hasta tiempo después. Yo sentía un magnetismo, una atracción ilógica... veía un brillo en sus ojos que nadie más parecía observar. Junto a cualquiera de ellos, yo me sentía especialmente bien.
Una noche al pasar por delante de mi espejo vi que yo tenía una estrella que brillaba como todo un universo de soles y me sentí bien.
Hoy ha pasado mucho tiempo, aún les recuerdo y aún hoy encuentro sonrisas perdidas que van hacia mí y recuerdos que no son sólo míos y son hermosos. En estas ocasiones me toco la frente y noto como brilla mi estrella en mi interior.

(Ike, así no tienes que leerlo todo todo...)

20.2.04

Lo he oido de lejos

Te sientas a ver como escribo. Me miras desde la cama, sentadita en el borde, pasando tus ojos por las teclas que acaricio con bastante poca gracia, por la pantalla que se va llenando de letras que aún no te dicen nada. Miras a ver que digo... y a mi... sólo me sale escribir tu nombre.

17.2.04

Leréleré

El jardín no era esta vez un espectáculo maravilloso. No había destellos de sol bailando entre las hojas lánguidas del sauce llorón. Ni se derramaban los rayos yendo a parar torpemente sobre las hojas flotantes de los nenúfares. No había insectos robando el olor de las flores ni llevándose el polen en sus patas para posarse tontamente sobre todas las demás. Esta vez los flashes de los turistas no alumbraban artificialmente la viva pintura impresionista. Todo parecía indicar que la belleza estaba aletargada, hibernando, dormida... nada mas lejos de la realidad: ella estaba conmigo.

10.2.04

Y es la ingenuidad quien grita a mis oidos que siempre estarás...

La Princesa miró todo con ojos de sorpresa. Le gustó todo mucho. Y a mi me encantó verla sonreír. Y que me abrazara preguntándome porqué no le había contado lo bonito que era todo lo que íbamos a ver.
El jardín, en cambio, no pudimos verlo. Con el sol de sus ojos había olvidado que aún era invierno, que los árboles crecían marrones, las plantas dormían sin saber aún que pronto tendrían que nacer. Tampoco pudimos pasear sobre el río.
Ella dice que todo eso sólo significa que tenemos que volver, algún día... pero yo, sin saber muy bien porqué, tengo el sabor agridulce de sentir que la carroza se haya vuelto calabaza...